sábado, diciembre 17, 2005

secreto

Me gustan los cajones, los cajones grandes, chiquitos, rectangulares, cuadrados, de la forma que sean. Los cajones de los escritorios, de las alacenas, de los closets, de cualquier cosa. Los cajones tienen la asombrosa capacidad de desaparecer de mi vista todo lo que les quepa.

Además te dan la posibilidad de diferentes niveles de orden.

Está el pseudo-órden, donde los cajones sirven para que las cosas no estén tiradas por cualquier parte. Pero adentro de cada uno hay un desmadre.

El orden superficial donde todas las cosas de un mismo tipo o color o categoría están en un mismo cajón pero en desorden.

Y también existe el orden absoluto. Donde cada cosa de un lugar o habitación esta ordenada en cajones diseñados para cada cosa . Y en el interior de cada uno de esos cajones todo está en perfecto orden.

Todos vivimos entre el primero y el segundo, pero anhelando siempre el tercero.

Yo por ejemplo puedo decir que los cajones donde guardo mi ropa son un ejemplo de pulcritud y orden el sábado y para el miércoles ya subsiste el pseudo-órden; éste mismo es el que subsiste en la oficina. Jamás ha estado bien ordenado nada aquí. De hecho el cajón superior del escritorio tiene un poco de todo, dulces, galletas, libros, discos, cepillo y pasta de dientes, vaya, si estuviera ordenado parecería botica o minisuper.

A veces quisiera yo misma meterme en un cajón, como cuando tengo mucho trabajo y me la paso oyendo música y escribiendo (como ahora que escucho Oración Caribe de Nine Rain y escribo esto), también cuando tengo que tomar decisiones para las que no estoy lista, aunque hay quien dice que nunca se está preparado para nada.

Sé que algún día voy a tener un cajón para mí solita, donde poder meterme y nunca más salir, eso me consuela.

1 ecos:

Atenea o Minerva dijo...

Si por eso me encantan los cajones, y las cajas, aunque yo la mayoría de las cosas las tengo en el suelo, como debe ser.

Cuando sea grande me voy a meter en cajonzote.

Saludos.