La primera cosa que pensé al despertar fue, quién me puso la pijama. Al instante me convencí de la conveniencia de tenerla puesta.
Camila me dice que que los cafés de anoche nos alivianaron. En eso momento recuerdo vagamente que me quemé con el café. Pregunto quién los pago. Fue Given. Pregunto a qué hora nos despedimos de Given y de Sue.
Recuerdo vagamente que nos subimos apresuradamente a un taxi y que yo estaba totalmente asombrada de que hubieramos llegado al depa.
Encontré cosas escritas en mi libreta y en un ticket del super. No sé si fui yo, analizo la letra, no es mía. Pero no puedo recordar quién lo hizo. Creo que fue Esparta.
Recuerdo la botella de whiskey, la preocupación por los vasos, la vuelta a la infame plaza de toros. Lo recuerdo porque aún no empezaba a beber.
Pregunto si llegué caminando. Al parecer sí, y al parecer no perdí el estilo, aunque sí la memoria.
Lo cierto es que al despertar, y aún al medio día, seguía ebria. Aún siento el alcohol en mis venas.
Todos los ciclos deben cerrarse con alcohol. Son cosas que uno debe celebrar, dejar atrás cosas de su vida que tienen valor sólo como experiencia.
Por supuesto cada ciclo en la vida se debe iniciar con alcohol, es importante celebrar cuando uno se vuelve a levantar, se pone en guardia a la Bruce Lee, hace el tipico movimiento retador con la mano y le dice a la vida:
¿Eso es todo lo que tienes? Anda, dame tu mejor golpe.